viernes, 3 de septiembre de 2010
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LIAM NEESON EN 'THE GREY', LO NUEVO DE JOE CARNAHAN

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Joe Carnahan es uno de esos directores que van acumulando un montón de proyectos por lo mucho que les cuesta poner en marcha alguno de ellos. Ahora el director tiene entre manos uno titulado ‘The Grey’, que iba a protagonizar Bradley Cooper, pero al parecer éste ya no está disponible para las fechas en las que podrían rodar el film. Sin embargo, Carnahan no ha perdido el tiempo y ha llamado a otro de los protagonistas de su adaptación de ‘El Equipo A’, el más alto, más veterano, más carismático y mejor actor Liam Neeson. No sé, quizá, puede, es razonablemente posible que le haya venido bien que Cooper sea uno de los tipos más solicitados en Hollywood…

El guión de ‘The Grey’ lo han escrito Ian Jeffers y el propio Carnahan. La historia gira en torno a los supervivientes de un accidente de avión en Alaska que transportaba a los empleados de una explotación petrolífera; uno de esos hombres se convierte en el líder del grupo cuando una manada de agresivos lobos se disponen a atacarles, pues han tenido la mala fortuna de caer justo en su territorio. Entre los productores está la compañía Scott Free, de Ridley y Tony Scott. Me apetece verla.

PD: Carnahan también se ha ofrecido recientemente para dirigir la adaptación del cómic ‘Predicador’ de Garth Ennis.

Vía | Heatvision


VENECIA 2010 | 2 DE SEPTIEMBRE | ABUCHEOS PARA SCHNABEL Y FRIALDAD ANTE LA ADAPTACIÓN DE 'TOKIO BLUES'

'Miral' y 'Tokio Blues' ('Norwegian Wood')

La 67ª Mostra de Venecia no ha hecho más que empezar y ya se considera muy floja, en términos generales, su segunda jornada.

Hoy se han presentado a competición ‘Miral’, de Julian Schnabel, que no ha sido bien recibida. Se ha dicho de ella que es una «presunta oda al entendimiento entre palestinos e israelíes en la que ambos bandos acaban estereotipados hasta extremos vergonzosos». Schnabel me sorprendió gratamente con ‘La escafandra y la mariposa’ —que me gustó más que ‘Basquiat’ o ‘Antes que anochezca’—, pero supongo que se ha metido en un tema más difícil para él, ya que no puede tratarlo de una manera tan personal y única como trató el que daba origen a su film anterior. El conflicto palestino-israelí, además, es un fondo más propicio a que al autor se le vean los colores, lo cual parece ser lo que menos ha gustado a los críticos, a pesar de que el director judío se basó una obra de la periodista palestina Rula Jebreal, que ha participado en el guión. La película ‘Miral’ está interpretada por Freida Pinto (en el cartel), quien guarda un gran parecido con Jebreal.

Se ha proyectado asimismo la adaptación del superventas de Haruki Murakami ‘Tokio Blues’, que ha llevado a cabo Tran Anh Hung (‘El olor de la papaya verde’, 1992). El film japonés, cuyo título original es ‘Noruwei no mori’, pero que se conoce por el inglés, ‘Norwegian Wood’, no ha tenido una acogida calurosa, aunque sí más positiva que la de Schnabel. Al vietnamita afincado en Francia le interesaba reproducir el espíritu de los personajes de la novela de Murakami y la atmósfera de ésta mucho más que el argumento, pero los asistentes a la proyección no parecen satisfechos con este intento.

Otro film presentado a concurso ha sido ‘La pecora nera’ (‘La oveja negra’), de Ascanio Celestini. Fuera de competición se han podido ver ‘Showtime’, de Stanley Kwan y ‘The Last Movie’ (1971), de Dennis Hopper.

En la Sección Orizzonti (Horizontes), se ha proyectado ‘Invitado’ (‘Guest’), de José Luis Guerín, que se describe como un recorrido fílmico de dos horas y cuarto por diferentes festivales y que tampoco diferentes opiniones.

Vía | Página oficial de la Biennale di Venezia

Cobertura del la Mostra de Venecia 2010 en Blogdecine:

1 de septiembre: Arranca una nueva edición con Aronofsky y Rodríguez inaugurando.


CRITICAS

VAMPIROS DE VERDAD: 'DRÁCULA VUELVE DE LA TUMBA' DE FREDDIE FRANCIS

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‘Drácula vuelve de la tumba’ (‘Dracula Has Risen from the Grave’, 1968, Freddie Francis) no es sólo la continuación de una saga que empezó Terence Fisher, quien no pudo hacerse cargo de la dirección del presente film debido a un accidente de coche, también es el título más rentable de la productora Hammer Film. Su espectacular éxito derivó que en nuestro país, por ejemplo, es el film de la saga protagonizada por Christopher Lee que más veces se ha emitido por televisión. Servidor recuerda cuando las televisiones sentían respeto por el cine y se tiene tragado a temprana edad muchas de las películas dirigidas por Fisher, Freddie Francis o Roy Ward Baker para después no dormir durante días.

Es muy probable que después de Fisher el director más interesante de la Hammer fuera Freddie Francis, quien empezó como operador de cámara en algunas de las películas de Michael Powell y Emeric Pressburger para luego convertirse en un excelente director de fotografía. Trabajos como la imprescindible ‘Un lugar en la cumbre’ (‘Room at the Top’, 1959, Jack Clayton), ‘Hijos y amantes’ (‘Sons and Lovers’, 1960, Jack Cardiff), por la que recibe su primer Oscar, o ‘Suspense’ (‘The Innocents’, 1961, Jack Clayton), colocan a Francis al frente de los grandes directores de fotografía de la época, y porqué no, de la historia. Le nominaron por segunda vez por la correcta ‘Tiempos de gloria’ (‘Glory’, 1989, Edward Zwick) y de nuevo se llevó la estatuilla a casa.

Resulta curioso que Freddie Francis le cogiese el gustillo a dirigir películas de género fantástico o de terror entre los 60 y los 80, etapa en la que dejó apartadas sus funciones de fotografía. Muy respetado en el ambiente del free cinema, Francis echaba pestes contra un tipo de cine carente de conciencia social, y mucho más si éste era del género por el que brillaron productoras como la Hammer o la Amicus, para la que también realizó algunos trabajos. Francis siempre declaró que hacía esas películas porque le apetecía hacerlas, probablemente la excusa más sincera que un director pueda dar al respecto de sus trabajos. No obstante resulta completamente paradójico que siendo Francis un director que continuamente menospreciaba los mencionados géneros, terminase realizando cintas como la que nos ocupa, o la interesante trilogía de trhiller psicológicos deudores de ‘Psicosis’ (‘Psycho’, 1960, Alfred Hitchcock) conformada por ‘El alucinante mundo de los Ashby’ (‘Paranoiac’, 1963), ‘El abismo del miedo’ (‘Nightmare’, 1964) e ‘Hysteria’ (1965).

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‘Drácula vuelve de la tumba’ da comienzo donde terminaba la fascinante ‘Drácula, príncipe de las tinieblas’ (‘Dracula, Prince of Darkness’, 1966, Terence Fisher) en la que veíamos como el conde acababa sumergido en las heladas aguas que rodeaban su castillo. En los minutos finales era un controvertido fraile quien efectuaba disparos de escopeta hacia el hielo sobre el que se encontraba Drácula haciendo que éste se hundiese, acabando aparentemente así con el Mal. Resulta cuanto menos irónico que sea precisamente un cura el que resucita a Drácula de su letargo, la sangre del mensajero de Dios llega hasta los labios del maligno y un nuevo reinado de terror da comienzo.

En este film se acentúan los componentes eróticos y sangrientos que hasta entonces caracterizaban a la Hammer. Al público le gustaba ver sangre y cómo no, sugerentes escotes, y Francis y John Elder —seudónimo de Anthony Hinds como guionista— hicieron todo lo posible por contentar al espectador. En la película se ve más claramente el paralelismo que hay entre la mordedura del vampiro y un orgasmo, lo que da pie a una rivalidad entre los personajes de María (Verónica Carlson) y Zena (Barbara Ewing), ambas deseosas por su nuevo e inmortal amante, haciendo acto de presencia por primera vez los celos. Cabe señalar apuntes tan interesantes como aquel que se da lugar en uno de los encuentros entre María y Drácula. Aquélla, antes de que el conde acuda a su habitación, tira una de sus muñecas al suelo y posteriormente se entrega a Drácula. Un gesto muy sutil que habla del paso de la niñez a la madurez.

Podemos encontrar una fuerte carga anticlerical en el film, que también caracterizó una buena parte de los films de la Hammer. Primero tenemos al Monseñor Mueller (Rupert Davis), del que Drácula quiere vengarse por haber practicado un exorcismo sobre su castillo, fijando su mirada y colmillos en su sobrina María; será el que ponga en alerta a los protagonistas sobre el resurigir del conde. La otra figura clerical es un sacerdote (Ewan Hooper) que se convertirá por falta de fe, en el lacayo de Drácula, facilitándole todo lo que aquel desee para llevar a cabo su sangrienta venganza. Dicha figura será esencial en los dos momentos más fuertes de la película, aquel en el que se le clava una estaca al conde, y el famoso final en el que Drácula encuentra su fin clavado en una cruz. Pero ojo, se juega con las constantes en el cine de vampiros. En este caso hablamos de que una estaca clavada en el vampiro no tendrá efectividad si el acto no se realiza con la suficiente fe religiosa.

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La decisión es totalmente discutible —hasta ahora no hacía falta más que una buena presión en las manos o un buen martillo—, pero indiscutiblemente impactante. Las escenas tienen su lógica interna dentro de la historia del film; no sólo se crea una especie de nueva regla en la lucha contra el vampirismo, sino que será la principal causa de la destrucción del conde Drácula. Y va mucho más allá al establecer más paralelismos, esta vez entre Drácula y Jesucristo —o lo que es lo mismo, el Diablo y Dios, el Mal y el Bien—. La escena de Drácula atravesado por una cruz sobre la que cae, agonizando mientras el sacerdote con la fe a prueba de balas recita una oración de fuertes y fantasmagóricos ecos, es de una intensidad abrumadora. En ella puede apreciarse además la utilización de la luna como sustituta del sol.

Esta vez Christopher Lee tiene unas pocas frases de diálogo y la verdad es que no resultan demasiado satisfactorias después de experimentar su ausencia de vocablos en el tratamiento de Terence Fisher —si se realiza la operación de ver las dos películas seguidas puede apreciarse con mayor claridad—, pero aún así Lee tiene una presencia única que le permite alzarse como el mejor conde Drácula de toda la historia del cine. La pena es que interpretó demasiadas veces al personaje de Bram Stoker, dejando títulos posteriores de muy dudosa calidad sobre los que ya hablaremos cuando nos centremos en la Hammer.

Francis no era Terence Fisher, eso lo sabemos todos, pero creo que dejó el listón bien alto con esta tercera entrega. Un film a ratos apasionante y con una muy cuidada puesta en escena en la que tal vez Francis abuse un poco de filtros en su parte final, tonos rojizos que subrayan el terror, pero hay que constatar lo cuidada que está la fotografía en esta película, obra de Arthur Grant, uno de los habituales de la Hammer. Instantes como las persecuciones nocturnas por los tejados o Drácula esperando al lado de su ataúd esperando pacientemente culminar su venganza se quedan grabados en la mente de todo buen amante del fantástico.

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