sábado, 01 de octubre de 2016
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Taquilla española | Los siete magníficos se cargan a Bridget Jones

Antoine Fuqua, Chris Pratt y Denzel Washington en Venecia

Parece que Sony acertó al querer actualizar el western 'Los siete magníficos' ('The Magnificent Seven'). Al igual que en EE.UU., el remake dirigido por Antoine Fuqua lidera la taquilla española tras desbancar a 'Bridget Jones' Baby'. Lo que no ha conseguido aquí son buenas cifras, apenas un millón de euros en su estreno, pero está gustando y este nº1 le proporcionará más público.

El TOP 10 de taquilla

En 3ª posición entra 'El hombre de las mil caras', thriller realizado por Alberto Rodríguez, uno de los realizadores más inspirados que hay ahora mismo en España (fijo en un TOP 5). Su recaudación es una pena, espero que se corra la voz sobre la buena película que es y la semana que viene siga en los primeros puestos de la tabla.

Menos interés han despertado las otras novedades. En el 6º puesto encontramos 'Florence Foster Jenkins', comedia dramática para lucimiento del talento de Meryl Streep y Hugh Grant. Convencional, para pasar el rato, de las que se olvidan pronto si no fuera por la peculiar historia real que hay detrás...

Por último, al final de la lista aparece 'Captain Fantastic', otra comedia dramática con un estilo muy diferente a la anterior. Para mí ha sido una gran sorpresa, no es lo que cabe esperar y cuenta con una gran interpretación de Viggo Mortensen. Lo más recomedable del listado junto a la de Rodríguez.

Datos | ICAA



‘Wildlife’, Carey Mulligan y Jake Gyllenhaal en el debut de Paul Dano como director

Prisoners

Paul Dano debutará como director con un reparto bastante notable. La ópera prima del actor será protagonizada por Carey Mulligan y Jake Gyllenhaal, y Dano dirigirá a partir del guión coescribió con Zoe Kazan basado en la novela de Richard Ford del mismo nombre. En ella se cuenta la historia de un adolescente que presencia el fracaso del matrimonio de sus padres, separados cuando su madre encuentra a otro hombre. Según la sinopsis del libro:

“Wildlife narra su historia en Great Falls, Montana, donde terminan las Montañas Rocosas y donde, en 1960, la promesa de tiempos mejores parecían tan ilimitadas como sus praderas. En ese emplazamiento la familia Brinson espera encontrar una vida mejor. Pero, sin embargo, sólo descubren los límites de su matrimonio y, al mismo tiempo, la inesperada profundidad de la dignidad y el valor, que se mantienen incluso cuando el amor acaba".

Carey Mulligan

Es la primera colaboración entre Mulligan y Gyllenhaal, pero Dano ya ha trabajado con algunos de ellos antes; él y Gyllenhaal se vieron las caras en ‘Prisoneros’ (Prisoners, 2013), y con Kazan en ‘Ruby Sparks’ (2012), en la que este, además de guionista, también tenía un papel. Aún no está claro cuando empezará la producción pero se espera alguna actualización en los próximos meses sobre un proyecto que podría resultar en un drama de época con cierto pedigrí.

La película está producida por Duncan y Saks de June Pictures y por otra parte Gyllenhaal y Riva Marker de Nine Stories. Dano, que también coproduce, comenta que: "En el libro de Richard me ví a mí mismo y a otros muchos. Siempre he querido hacer películas y siempre he sabido que, de hacerlas, serían sobre la familia (…) no podría estar más feliz de tener colaboradores tan grandes como Carey y Jake."

vía Thefilmstage



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CRITICAS
Añorando estrenos: 'El hombre de las mil caras' de Joseph Pevney

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‘El hombre de las mil caras’ (‘Man of a Thousand Faces’, Joseph Pevney, 1957) supone la película más prestigiosa de su director, que comenzó en el cine, pero terminó relegado a la pequeña pantalla a partir de la década de los sesenta. El film es un biopic de la mítica figura del silente Lon Chaney, familiarizado sobre todo con el cine de terror, camaleónico como pocos y creador del maquillaje de todos sus personajes.

El film de Pevney es toda una declaración de amor no sólo a la figura de Chaney, sino también a la época inicial del cine, cuando las cosas se narraban sin sonido —de hecho, solían narrarse mucho mejor— y el actor que tenía que apoyar su interpretación en tics heredados del teatro. Pevney realiza por un lado el típico biopic —comienzo, fama, problemas personales, ocaso—, y por otro establece un diálogo entre dos épocas muy diferentes del cine, demostrando que una sin la otra no podría existir.

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La esencia de una vida

Es realmente sorprendente —al menos visto a día de hoy, incluso con la perspectiva del tiempo— cómo Pevney va sorteando milagrosamente todos los lugares comunes de un biopic. Al respecto, el esqueleto argumental de la película es efectivamente el de cualquier película biográfica que se precie. Asistimos a la infancia de Lon Chaney, y cómo, en esa época, queda marcado por el hecho de que sus padres son sordos, y objeto de las burlas de muchos. Aspecto de tintes muy dramáticos para alguien que se ganaría la vida protagonizando dramas terroríficos.

Una vez crecido, y ya con el rostro del genial James Cagney, ‘El hombre de las mil caras’ se sumerge, muy acertadamente, a dibujar la figura de un mito, aunque para ello se tome no pocas licencias artísticas. Pevney demuestra que se puede llegar a la verdadera esencia de algo, o alguien, sin necesidad de ser fiel a unos hechos. Al fin y al cabo el cine es SIEMPRE ficción, y esta película lo demuestra con creces, resultando además un bello relato de amor hacia el arte más completo de todos.

Cagney no se parecía físicamente a Chaney. Sin embargo, su interpretación nos lo trae a la memoria continuamente. La capacidad camaleónica de la estrella silente es captada a la perfección porque Cagney, a pesar de ser conocido por sus personajes de gángster, tenía la misma capacidad. Obsérvese la facilidad con la que el actor se pone dramático o humorístico, o cómo se enfrenta a largas secuencias que reproducen algunos momentos de rodaje de películas de Chaney. Destaca aquella en la que debe simular un milagro.

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La esencia de un arte

No hay duda de que la labor del que ganó un Oscar por ‘Yanqui Dandi’ (‘Yanquee Doodle Dandy’, Michael Curtiz, 1942) es uno de los aspectos más resaltables del film. Cagney consigue matizar a Chaney, mostrar sus claroscuros, hacerlo tan admirable como odioso. A su lado brillan con luz propia Dorothy Malone —un personaje con el que el film se ceba lo suyo al mostrar su espiral de decadencia— y Jane Greer, en un papel muy diferente a sus femme fatales.

Pero lo glorioso de ‘El hombre de las mil caras’ es el diálogo que propone entre la primigenia forma de hacer cine —sin sonido— y el momento en el que se realiza el film, mediados de los cincuenta, cuando la pequeña pantalla empezaba a ganar terreno de forma peligrosa y se oían con fuerza las nuevas voces provenientes del viejo continente. Pevney edifica una muy inteligente elegía sobre el cine mudo, cuando todo se transmitía con una mayor expresión física y visual. Un puente que hermana lo clásico por aquel entonces y lo actual, ahora clásico.

Y a pesar de que se ven algunos elementos en cierto modo tendenciosos —baste fijarse en cómo el film trata la figura del mítico productor Irving Thalberg, al que da vida Robert Evans, convertido luego en importante productor— ‘El hombre de las mil caras’ aborda con sencillez y astucia todos los tópicos posibles, incluido el hermoso final. Una despedida —que guarda similitudes con ‘El último hurra’ (‘The Last Hurrah’, John Ford), realizada al año siguiente— en la que el silencio, acompañado del buen humor, eleva aún más la emoción. Impresionante travelling final.



‘Los siete magníficos’, sobresaliente epítome de western añejo

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Vivimos en una década de remakes y, aunque no hace falta recordar que la versión de John Sturges era uno de ellos, sí es menester hacer hincapié en que la nueva película de Antoine Fuqua es mucho más una nueva versión de ‘Los siete samuráis’ (Shichinin no samurai, 1954) ambientada en el oeste americano. Dicho esto, toda comparación con la de 1960 debería de sobrar, entendiendo que el contexto creativo no es el mismo, ni los clásicos están para desbancarlos o reescribirlos, sino que, a veces, existen como variaciones alrededor de una misma idea.

La versión del director de ‘Training Day’ (2001) rescata el esqueleto del western clásico y aplica un consciente revisionismo, sin ironía, de muchos de los aspectos más parodiados, parodiables, del cine del oeste más ligero e infantilizado. Como en las películas de pistoleros con pañuelos rojos al cuello y sombreros blancos que dan vueltas a su revólver como malabaristas antes de enfundarlos, Fuqua no huye de la caricatura lúdica y da por hecho que sus mercenarios son prácticamente superhéroes.

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Que nadie busque pues, una visión realista, oscura o crepuscular del género, los protagonistas de ‘Los siete magníficos’ son figuras arquetípicas que ya hemos visto antes, se apoyan en las barras del bar con ademanes chulescos y sus figuras cabalgando se recortan en el horizonte del paisaje sureño como si de un coloreable de indios y vaqueros para niños se tratase. Pero su director no se queda en una estampa camp, y sobre esa base, tornea referentes menos idílicos sobre la estructura de toda la vida.

La magnífica fotografía, de gran contraste y colores profundos, hace resplandecer las caras sucias, siempre brillantes. Tanto que parece una estilización moderna del look del cine de Leone. Y no es baladí, puesto que, las menciones al italiano se suceden, tanto en los momentos de tensión y miradas, como en la subtrama de venganza que hace cita directa al Ármónica de 'Hasta que llegó su hora' (C'era una volta il West, 1968), e incluso a algunos de los primeros westerns de Clint Eastwood, director.

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Hay un cierto tono grave que no se esconde, pero nunca supera el propósito de crear un ingenuo entretenimiento juvenil, casi de bolsilibro, muy en la línea de la olvidada y reivindicable serie Wildside (1985), en la que un grupo de canallas con diferentes habilidades defendía el pueblo del título de villanos menos sanguinarios. Y es que, una de las mayores sorpresas de estos ‘Siete magníficos’ es que no hay remilgos con la violencia, y aunque sin llegar a ser sangrienta, sus tiroteos tienen más que ver con Sam Peckinpah que con Howard Hawks.

El guión de Nic Pizzolatto deja espacio para capas de incorrección inesperadas, no se suavizan algunas consideraciones raciales y de actitudes no amables del periodo que retrata, pero en donde realmente brilla su trabajo es en la sencilla caracterización de los personajes y cómo estos interactúan. Si que habría alguna descompensación en este apartado, especialmente en la atropellada presentación e integración en el grupo de algunos de ellos, un bache entendible, teniendo en cuenta los límites de duración.

Si hay algo que funciona en ‘Los siete magníficos', aparte de su ágil narración, es la colección de fantásticas interpretaciones de su elenco, en el que destacan el siempre efectivo Denzel Washington, haciendo de nuevo del mejor Denzel Washington, y Peter Sarsgaard, que compone un villano memorable y enfermizo. Aunque es Chris Pratt y su Faraday quien se lleva de calle la función, con su templada aportación al humor sosegado que convierte la última obra de Fuqua en el mejor blockbuster del difunto verano.



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