lunes, 21 de abril de 2014
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ULTIMA HORA
Taquilla USA: El Capitán América es el chip leader CAWS2taquilla

Tercera semana y ‘Capitán América: El soldado de invierno’ (‘Captain America: The Winter’s Soldier’, Joe & Anthony Russo, 2014) es la película que más recaudación tiene en el codiciado top ten estadounidense. ‘Heaven is for Real‘ (Randall Wallace, 2014) es la que más cerca ha quedado este fin de semana del juguete de la Marvel, un drama dirigido por el en otros tiempos guionista de ‘Braveheart’ (id, Mel Gibson, 1995), que a pesar de sus cifras no consigue un buen respaldo de crítica o público votante en la IMDb.

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Se esperaba bastante de la ópera prima de Wally Pfister, hasta ahora director de fotografía, y apadrinado de Christoper Nolan. ‘Trascendence’, una historia de ciencia-ficción, en cuyo tráiler pueden verse ya numerosos plagios, perdón, referencias a films conocidos y otros no tanto, se ha saldado con una respuesta negativa por parte de la crítica, y una aceptación popular no demasiado entusiasta. Por estos lares la veremos el próximo 6 de junio, vamos, dentro de nada.

‘A Haunted House’ (id, Michael Tiddes, 2014) es una secuela que, al igual que su predecesora, parodia éxitos recientes del cine de terror. Marlon Wayans encabeza el reparto de una película que ha obtenido críticas espantosas, pero un aprobado del público votante. Muchos pasaremos por este mundo sin verla.

Vía | IMDb



'Cabin Fever', el remake Cabin Fever

Durante las últimas semanas nos hemos enterado de que Keanu Reeves iba a protagonizar la próxima película que haga Eli Roth y también hemos visto hace nada el tráiler de ‘The Green Inferno‘ (2013), título que este último rodó hace ya tiempo. Hoy vuelve a ser protagonista, pues ya se está trabajando en un remake de ‘Cabin Fever‘ (2002), su primer largometraje.

Pese a que hoy en día son más abundantes las nuevas versiones de títulos cada vez menos lejanos en el tiempo, el anuncio del remake es bastante sorprendente, ya que este próximo mes de junio se estrenará en Estados Unidos ‘Cabin Fever: Patient Zero‘ (Kaare Andrews, 2014), segunda secuela de la cinta dirigida por Eli Roth. Además, la productora tenía previsto rodar una entrega adicional, pero parece que esos planes han quedado finalmente en nada y tampoco va a estar implicada en el rodaje del remake.

Por su parte, lo más probable es que la implicación de Roth en esta nueva versión de su ópera prima sea mínima —algún cheque le llegará por tema de derechos de autor y poco más—, ya que lo único seguro a día de hoy es que estará producida por Cassian Elwes y Evan Astrowsky.

Vía | Bloody Disgusting



ET AUSSI...
CRITICAS
'Kamikaze', aterrizaje (muy) forzoso Kamikaze cartel

Ya desde los avances con los que nos estuvieron bombardeando en los cines desde hace un par de meses —habré podido ver el trailer y el video que protagonizó Alex García para Cinesa “tropocientasmil” veces— había algo en ‘Kamikaze’ (id, Álex Pina, 2014) que no olía del todo bien. A fin de cuentas, el pretender combinar comedia y comedia romántica con un terrorista suicida de por medio sin renunciar, o al menos así lo parecía, a la carga dramática derivada de la presencia de éste, era una apuesta de muy complicada resolución que sólo aumentaba sobre el papel al considerar la autoría de quién firmaba la producción.

(I)Responsable de lindezas televisivas tales como ‘Los Serrano’, ‘Los hombres de Paco’ o ‘El barco’, muy poco hablaban éstas claras iteraciones sobre producciones norteamericanas de peso —y supongo que no hará falta apuntar a las series originales a quiénes apuntan las tres citadas, ¿no?— de lo que Álex Pina podía desarrollar en su debut en la gran pantalla, máxime si hemos de considerar que, como guionista cinematográfico, sus únicos dos antecedentes eran los muy olvidables libretos para las dos deleznables partes de ‘Fuga de cerebros’ (id, Fernando González Molina, 2009).

Pero como no es muy correcto dejarse llevar por prejuicios, y menos en una disciplina como el cine que puede sorprenderte en formas que nunca se ven venir, acudí a visionar ‘Kamikaze’ con la esperanza —vana, como ahora veremos— de encontrar una producción que al margen de entretener al respetable, supiera ser capaz de ofrecer algo más; ese algo más que siempre se busca al apagar las luces de una sala y que tanto cuesta encontrar en el cine actual en general y el español en particular. Huelga decir que muy lejos está la cinta de atesorar esa cualidad.

‘Kamikaze’, sonrisas sinceras y lágrimas obligadas

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Más allá de sus personajes desdibujados y arquetípicos —¿se puede ser menos sutil que los personaje de Hector Alterio o Verónica Echegui?— y de ese Álex García que da el paso de terrorista a héroe de la función a poco que nos descuidamos y que debería-ser-ambigüo-pero-no-lo-es-porque-es-un-guaperas-y-ya-sabemos-que-los-guaperas-no-pueden-ser-malos-del-todo; si hay algo que llama la atención poderosamente a lo largo de ‘Kamikaze’ es la voluntad de su director y co-guionista de no resultar especialmente ofensivo para con nadie que pueda estar sentado en la comodidad de su butaca de cine.

Esta cualidad, que bien entendida podría haber llegado a ser una virtud, se transforma en manos de Pina en el motivo fundamental sobre el que se sustenta lo errático de un metraje que acumula algunas risas honestas —la conversación telefónica de Leticia Dolera—, mucha insustancialidad y unas lágrimas muy, pero que muy, intencionadas que parecen querer ocultar la notoria incapacidad del cineasta para redigirir el filme hacia un término menos desastroso que el que tenemos el infortunio de soportar en los últimos minutos de metraje de ‘Kamikaze’.

Y si hasta entonces la cinta se ha soportado sin mucho esfuerzo —gracias sean dadas a las presencias de Eduardo Blanco y Carmen Machi— y algo se puede entresacar del humor que van hilvanando ciertas escenas, es por mor de la secuencia que da punto y final a la acción que el filme transita más a la deriva, ofreciendo todo un recital de sin sentidos, de imposibles —ese derrape— y de momentos forzados que colmatan una proyección poco agraciada a la que, para colmo de males, le ha tocado medirse en la taquilla con ese fenómeno que están siendo los apellidos vascos.



Disney: 'Merlín el encantador', de Wolfgang Reitherman Merlin el encantador cartel

La pasada semana veíamos comenzábamos con ’101 dálmatas’ (‘101 Dalmatians’, Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wolfgang Reitherman, 1961) la cuenta atrás de los tres últimos filmes supervisados por Walt Disney antes de su fallecimiento, dando comienzo al mismo tiempo a una prolongada etapa en la vida de la compañía que el visionario artista había puesto en pie tres décadas atrás en la que la animación y las historias que se narraban comenzaron a descuidarse de forma paulatina. Y nada pone de relieve mejor esta afirmación que la cinta que hoy os traemos al especial Disney.

‘Merlín el encantador’ (‘The Sword in the Stone’, Wolfgang Reitherman, 1963) es, con permiso de dos o tres títulos posteriores de los estudios que ya revisaremos llegado el momento, de lo peor que la compañía ha puesto en pie a lo largo de sus ocho décadas de historia, una película carente de encanto, con un guión que más que contar algo parece acumular chistes sin sentido y anécdotas estiradas con la esperanza de llenar su hora y veinte de metraje y que, a la postre, palidece en la comparación con cualquiera de las producciones que la precedieron.

Detrás de la descalabro artístico que supone tan irregular producción encontramos, como ya pasaba en cierta manera con ’101 dálmatas’, la dejadez de un “tío Walt” muy ocupado en otros menesteres al que, además, nada convencían los nuevos modos de animación —con el uso de la fotocopiadora— que habían comenzado a usarse en el filme protagonizado por los canes moteados. Al margen de ésto, un breve análisis de los créditos del filme devuelve algunas conclusiones claras acerca de la poca atención que la compañía puso en este su décimo octavo “clásico” animado.

Una producción con muy pocos arrestos

Merlín el encantador 1

Sorprende pues el descubrir que a diferencia de producciones anteriores, sólo uno fue el guionista encargado de pulir la historia basada en uno de los libros que, sobre el mito del Rey Arturo, había publicado Terence Hanbury White a finales de los años treinta: alocada y ecléctica visión sobre la vida del legendario rey de Inglaterra, las novelas de White contienen ya muchos de los elementos más estrambóticos que vemos en la cinta animada, sobre todo aquellos que conciernen a la descontextualización histórica de los comentarios que se ponen en boca de ese viejo barbudo que es el mago Merlín.

Desprovisto éste de todo misticismo y halo de misterio y definido como un vejete dicharachero que toma bajo su manto a un niño de doce años para educarlo, el Merlín de la cinta de Disney carece no obstante del potencial carisma de que podría habérsele dotado con el mínimo esfuerzo —el que sí ponía John Boorman en ‘Excalibur’ (id, 1981) pero sin sexo ni búsquedas de santos Griales de por medio, claro está—, un mal éste que aqueja por igual a ese “grillo” que es el Arturo niño, un personaje en el que es imposible adivinar la grandeza del legendario rey de los británicos.

Sumándose al insólito hecho de que fuera sólo un escritor el que firmara el guión, encontramos el más sorprendente aún de que únicamente fueron catorce las manos que intervinieron en la animación del filme: que sólo siete animadores fueran los responsables de dar vida a la Inglaterra medieval donde se desarrolla la acción habla mucho —y no precisamente bien— de la mediocre calidad de los fondos, del penoso acabado de algunas escenas y de la definición de unos personajes y situaciones que no son más que constantes refritos de ideas más que trilladas en el pasado de la casa de Mickey.

‘Merlín el encantador’, compendio de sinsabores

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Así, no sorprende que con un hilo argumental tan escueto como el que sigue a Arturo y Merlín en las varias enseñanzas que el primero imparte al segundo sobre la vida para después pasar al momento en el que el futuro rey arranca Excalibur de la piedra, la cinta tenga que recurrir a escenas de relleno para prolongar su metraje. Un relleno que ya acusan esas prolongadas e interminables lecciones, en las que el mago va convirtiendo a Grillo —Verruga en la versión original— en diferentes animales y que también pone de relieve el paseo inicial desde la casa del hechicero al castillo.

Un paseo en el que los responsables del filme se dejan poseer por el espíritu de los Looney Tunes y nos dejan una de las secuencias más Tex Avery de cuántas se han podido ver en una producción de la casa, con ese lobo que, al modo de Wile E. Coyote, persigue a Arturo y Merlín con la esperanza de comerse al primero sólo para ser interrumpido en sus apetitos por los inesperados encontronazos con elementos de la naturaleza movidos de forma inconsciente por los personajes humanos.

Merlin el encantador 3

Aún más inane que ésta desde el punto de vista argumental —otra cosa es el visual, que en ambas es frenético y muy divertido— es la secuencia “cumbre” del metraje, aquella que enfrenta a Merlin con la bruja Mim y en la que ambos se transforman en animales mil en un duelo que carece por completo de cualquier tipo de consecuencia, por minúscula que ésta pueda ser, para el desarrollo posterior de la historia.

En fin, que visto lo visto, considerar a ‘Merlín el encantador’ en las formas que hacíamos al comienzo de la entrada es, hasta cierto punto, quedarnos cortos. Pero tampoco pidamos peras al olmo, a fin de cuentas se trata de una cinta de dibujos animados que no pretende más que entretener a los peques —no hay aquí intención alguna de tratar de tú a tú a los adultos— y que si lo consigue es por mor de una insustancialidad que, de haber vivido en la década que se estrenó, seguro nos habría hecho añorar tiempos mejores del pasado de la compañía.



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