jueves, 05 de marzo de 2015
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Dan Stevens y Luke Evans, Bestia y Gastón en la nueva versión de 'La bella y la bestia'

Dan Stevens y Luke Evans serán los protagonistas masculinos de La Bella y la Bestia

Bella ha encontrado a sus chicos. Dan Stevens y Luke Evans se han incorporado al reparto de la nueva versión de 'La bella y la bestia' que ya contaba con Emma Watson como estrella femenina. Como recordaréis, Disney tiene en marcha un remake en imagen real de su propio musical de 1991 basado en el clásico cuento de hadas.

Stevens, conocido por la serie 'Downton Abbey' y protagonista de la comentada 'The Guest' (vendida como la nueva Drive*), dará vida a la Bestia mientras que Evans, visto recientemente en títulos tan taquilleros como 'Drácula: La leyenda jamás contada' ('Dracula Untold') o la última entrega de 'El Hobbit', interpretará el papel de Gaston.

Watson ha confirmado ambos fichajes a través de su cuenta en Twitter (ojo al mensaje dedicado a Evans). Stephen Chbosky y Evan Spiliotopoulos han escrito el guion de la película, que va a dirigir Bill Condon. Todavía no hay fecha para el estreno pero se espera que esté lista en 2016.

*Curiosamente, se sabe que Disney quería a Ryan Gosling para el papel de Bestia.



'Bridge of Spies' es lo próximo de Spielberg, de nuevo con música de John Williams

Por fin tiene título uno de los estrenos más esperados del año. Conocido provisionalmente como 'St. James Place', el productor Marc Platt ha desvelado que el nuevo trabajo de Steven Spielberg ha sido bautizado de manera definitiva como 'Bridge of Spies' ("Puente de espías"). Hace referencia al Puente Glienicke, que conectaba a la dividida Berlín durante la Guerra Fría y se empleaba para el intercambio de prisioneros. ¿Qué os parece?

Junto a esta noticia se ha confirmado que el director volverá a contar con la música de John Williams, su más fiel colaborador (es su 27ª película juntos). No es el único viejo amigo con el que coincide Spielberg, recordemos que este thriller vuelve a reunirle con Tom Hanks, protagonista de 'Salvar al soldado Ryan' ('Saving Private Ryan', 1998), 'Atrápame si puedes' ('Catch Me If You Can', 2002) y 'La terminal' ('The Terminal', 2004).

Amy Ryan, Alan Alda, Eve Hewson y Mark Rylance también figuran en el reparto de 'Bridge of Spies', coescrita por Matt Charman y los hermanos Coen. En cines a partir del 16 de octubre.

Vía | /Film



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CRITICAS
Cómic en cine: 'TMNT. Tortugas ninja jóvenes mutantes', de Kevin Munroe

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Ya desde el comienzo de este larguísimo especial de Cómic en cine —y como se puede constatar en la breve entrada introductoria del mismo que publiqué allá por julio de 2013— la intención del que esto suscribe no era otra que incluir en él la práctica totalidad de las adaptaciones que el séptimo arte ha hecho a lo largo y ancho de su historia sobre el muy vasto universo de las viñetas, no importando en principio —algo que también es más que comprobable recorriendo los artículos que hasta ahora lo componen— la calidad final del producto ni si era poco o nada conocido.

Desafortunadamente, errar es de humanos, y aunque abundantes fueron las ocasiones en las que revisé la lista inicial de títulos que irían apareciendo por aquí —una lista que ha ido mutando sobremanera con el paso de los meses— varias han terminado siendo las ausencias involuntarias en las que he ido incurriendo durante el transitar por las películas que se han repasado. Y aunque es de esos errores que quizás hubiera sido innecesario corregir, la entrada de hoy sirve para enmendar la ausencia de las tres películas que, durante los años noventa, llevaron a la gran pantalla a los reptiles charlatanes con nombres de artistas del renacimiento.

'Teenage Mutant Ninja Turtles', el cómic

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Según lo que siempre han contado Kevin Eastman y Peter Laird, el gérmen de lo que terminaría convirtiéndose en las Tortugas ninja surgió de una tarde de brainstorming y mala televisión compartida por ambos allá por principios de los años ochenta. Ambos se habían conocido de forma casual y, buscando la forma de abrirse camino en el mundo del cómic, decidieron autopublicar un tebeo que sirviera de parodia de cuatro de los títulos más populares de aquél primer lustro de hace treinta años: 'Daredevil', 'Los Nuevos Mutantes', el 'Cerebus' de Dave Sim y el 'Ronin' de Frank Miller.

Poco podían imaginar los por aquél entonces veinteañeros que su alocada creación terminaría convirtiéndose en una de las franquicias más rentables de principios de los años noventa, con una inmensa cantidad de merchandising inundando el mercado estadounidense —y por ende el mundial—, y una serie de animación y varias películas adaptando las páginas originales publicadas por Mirage Comics. Unas páginas, eso sí, que nunca han llegado a encontrar precisa traslación en sus innumerables incursiones en el medio audiovisual.

Interpretadas siempre como un producto dirigido a niños y jóvenes adolescentes, ni la televisión ni el cine han sido capaces de servir de fiel reflejo de la violencia y el marcado tono adulto que los cómics de las Tortugas Ninja ostentaron desde un principio —algo que puede observarse en las 42 páginas que componían su primer ejemplar—, unas cualidades que sus muchísimas iteraciones han sabido conservar en mayor o menor medida y que siempre han conseguido que, aún compartiendo personajes, ambos universos —aviñetado y de imagen en movimiento— hayan discurrido cada uno por senderos bien diferentes.

'TMNT. Tortugas ninja jóvenes mutantes', la mejor de todas

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Y nada mejor para aprehenderse de dicha diferencia que las tres producciones cinematográficas que la New Line estrenaba entre 1990 y 1993. Una terna que comenzaba con esa estupidez que fue 'Tortugas ninja' ('Teenage Mutant Ninja Turtles', Steve Barron, 1990) —de la que el recuerdo sólo salvaría los animatronics de la compañía de Jim Henson— cuyo tremendo éxito de taquilla motivo la aparición de dos infumables secuelas que sirvieron para alejar aún más de la saga el término calidad y dejaron claro que, en lo que a la gran pantalla respectaba, la probabilidad de volver a ver a Leonardo, Rafael, Michelangelo y Donatello era, como poco, exigua.

Potenciando el humor sobre cualquiera de las otras cualidades inherentes al cómic de Laird e Eastman, pero errando por completo en aquél que aparecía en las páginas del mismo, las aventuras de los reptiles quedaban pues relegadas a la caja tonta mientras que los rumores acerca de una posible nueva encarnación en la gran pantalla se iban sucediendo con el transcurrir de los años. Pero todos ellos se quedarían en eso, en simples rumores —el primero que se produjo sobre una versión CGI de los personajes afirmaba que John Woo sería el director— hasta que la Warner decidió en 2005 comenzar la producción del regreso de las tortugas a los cines de medio mundo.

Considerando que las tres cintas previas habían resultado cada vez menos rentables, el rodar una cinta de animación generada por ordenador era, a priori, la opción más viable desde el punto de vista económico si se quería evitar un batacazo de taquilla como el que había sufrido 'Tortugas Ninja III' ('Teenage Mutant Ninja Turtles III', Stuart Gillard, 1993) —que sólo llegaba a recaudar 43 millones de dólares frente a los 135 que había amasado la primera parte—. Dicha circunstancia vino a unirse al deseo de Kevin Munroe, guionista y director del filme, por dotar al mismo de una cualidad más cercana al cómic que, además, ayudara a la suspensión de credulidad de tan increíbles personajes.

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Así era pues como, finalmente, quedaba preparado el terreno para que 'TMNT. Tortugas ninja jóvenes mutantes' llegara a los cines en 2007, consiguiendo convertirse en un moderado éxito de taquilla que casi triplicaba lo invertido en ella y, al mismo tiempo, se elevava —en la modesta opinión del que esto suscribe— como la mejor versión que los héroes de Nueva York han tenido en cualquiera de sus muchas encarnaciones en movimiento. ¿El motivo detrás de esta afirmación? El hecho de que, por primera vez, y aún manteniendo el humor como baza con la que se juega durante todo el metraje, la acción se contamine de cierta "oscuridad".

Caracterizados así sus 87 minutos con un tono menos ligero, la historia escrita por Munroe echa mano, de una parte, de seres inmortales que llevan arrastrándose por el mundo desde la época de los aztecas mientras que, de la otra, juega a separar a los cuatro hermanos para dibujar sus personalidades con mayor precisión y plantear la semilla de la discordia que animará el cotarro durante gran parte de la duración de la cinta. Ambos factores, unidos a un espléndido ritmo y a unas soberbias secuencias de acción —el clímax es trepidante— terminan jugando en favor de la notable valoración que servidor hace de tan honroso esfuerzo.

Para finalizar, y por si alguien se lo está preguntando, la respuesta es un NO rotundo. Ni loco traeré por estas líneas ese esperpento largo y aburrido perpetrado por Jonathan Liebesman que fue el pasado verano de 2014 la última traslación de las tortugas a la gran pantalla. Prefiero olvidar el amargo regusto que dejó su visionado y pensar, al igual que con la saga original de los noventa, que son productos a borrar de la memoria dejando sólo espacio para la cinta animada que hoy ha ocupado nuestro tiempo y que, reitero, es la que mejor ha interpretado a los personajes para el séptimo arte.

Otra crítica en Blogdecine | 'TMNT (Tortugas Ninja Jóvenes Mutantes)', mejor dicho infantiles



Paul Newman y el western (IV): 'Un hombre' de Martin Ritt

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Tras su única colaboración con Alfred Hitchcock, Paul Newman volvió a reunirse con Martin Ritt, el director con el que más veces trabajó, siendo ‘Un hombre’ (‘Hombre’, 1967) la última de ellas, y a mi entender una de las mejores, teniendo en cuenta que juntos no rodaron una mala película, ni siquiera regular. Tercer y magistral western es este ‘Un hombre’ que anticipaba algunos de los elementos del posterior cine de Sam Peckinpah, por ejemplo, pero cuya herencia se debe sobre todo a directores como Anthony Mann o Budd Boetticher.

Precisamente el material del que parte la película, una novela del prestigioso Elmore Leonard, habría valido perfectamente para una de esas cintas de Mann, y el mucho más ignorado Boetticher, que junto a otros como John Sturges empezaron a cambiar de forma prominente las claves de un género agonizante, a lo que incluso se habían subido firmas míticas como John Ford. Precisamente el director de ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ (‘The Man Who Shot Liberty Valance’, 1962) puede entreverse en la presente, por cuanto parte de su argumento recuerda al de ‘La diligencia’ (‘Stagecoach’, 1939).

‘Un hombre’ es un western sucio, violento, claustrofóbico a pesar de desarrollarse mayormente en exteriores y grandes espacios. Sus personajes no representan ni la bondad ni la maldad, los grandes clichés del género, de todos los géneros, sino una mezcolanza de ambos llena de matices diferenciadores que hacen de cada personaje un universo fascinante. Y entre todos ellos, John Russell (Newman), un mestizo, apodado por todos Hombre, cuya visión va más allá del bien y del mal, un superviviente con un egoísmo que preserva ante todo su propia vida, consciente de un mundo cruel y fatídico.

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Un microuniverso

Russel ha heredado una casa de sus antepasados blancos de la que no quiere saber nada debido al conocimiento que tiene del llamado hombre blanco, de su egoísmo, distinto al suyo, que no le lleva a aprovecharse del prójimo, sino únicamente a luchar por , la moradora de la citada casa (Diane Cilento), a un matrimonio de ricos (Fredric March y Barbara Rush), el conductor (Martin Balsam), un joven matrimonio y un sospechoso viajero de última hora, un Richard Boone absolutamente impagable en su rol de villano, otro que como Russell mira más allá.

Dejando a un lado el dibujo de personajes, representando cada uno una característica humana bien reconocible y con los que Ritt corre el peligro de representar clichés antes que personajes de hondura, éste se centra en una sucesión de acontecimientos, a cada cual más grave, desencadenadas de una decisión por parte de Russell en la estación, y que en apariencia puede resultar intrascendente, pero que cobra importancia una vez el relato avanza, sobre todo en su inolvidable, violento y triste clímax. Tiene que ver con el hecho de que Russell procura evitar problemas, a no ser que éstos le busquen a él.

Todos sabemos que pasaría si Russell hubiese intervenido en la estación cuando Grimes (Boone) exige el billete a uno de los viajeros al que amenaza; todos sabemos cuánto dolor se habrían ahorrado, al descubrir posteriormente los planes de robo de Grimes, más la situación mortal a la que se enfrentan en un paisaje desértico una vez Russell ha eliminado a dos de los bandidos. Russel toma la decisión cuando realmente no hay salida, yendo hacia una muerte casi segura y sentenciando el instante con una frase más que acertada: “Todos vamos a morir, la cuestión es cuándo”.

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Un viaje vital

Dicho clímax, un duelo de vértigo a tres bandas, seco, contundente, sucio y con la coletilla de uno de los bandidos queriendo saber el nombre del hombre al que se ha enfrentado antes de morir, es el perfecto colofón a una película que camina sin piedad por temas como el egoísmo, la heroicidad, la ayuda al prójimo y sobre todo las diferencias raciales. Una aventura en el sentido más puro del término que se permite incluso hablar sobre lo que hay a final de la vida. Russell no teme a la muerte, pero personajes como Favor (March) temen la Nada más absoluta que representa la muerte.

Ritt maneja el ritmo como pocas veces, marcando un crescendo dramático de primer orden que encuentra momentos magistrales como el enfrentamiento en la distancia de los bandidos acercándose a una trampa. De planos generales Ritt acerca a los personajes de Newman, Balsam y Frank Silvera con primeros planos de sus rostros y sus armas, hasta que un disparo rompe dicho acercamiento. Pero sobre todo destaca por dejar en manos de Paul Newman una de sus interpretaciones más sutiles e impresionantes.

Con una marcada distancia emocional Russell es un personaje cuyos sentimientos van por dentro, su experiencia le ha hecho descubrir la verdad sobre el terrible mundo que le ha tocado vivir y en el que la supervivencia es el premio por su egoísmo mal entendido. Si normalmente Newman gustaba de realizar numeritos heredados de sus clases en el Actor´s Studio, aquí realiza una portentosa lección de contención, con una mirada a la vez dura y melancólica. Pocas veces el título de una película fue tan acertado.

Especial Paul Newman en Blogdecine:



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