jueves, 23 de febrero de 2012
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Peter Greenaway dirigirá la adaptación de 'La muerte en Venecia' de Thomas Mann

Greenaway y la obra de Mann

Tras pasar cinco años desde el estreno de ‘La ronda de noche’, la última película hasta la fecha de Peter Greenaway (posteriormente ha estado detrás de un par de documentales), este 2012 se estrenará ‘Goltzius and the Pelican Company’, protagonizada por F. Murray Abraham y que debería verse en el próximo Festival de Cannes. Sin embargo, esta vez no tendremos que esperar tanto hasta ver otra obra suya, ya que ya se está realizando el proceso de casting para ‘Food for love’, adaptación del relato de Thomas Mann titulado ‘La muerte en Venecia’. Además, ya se sabe que el rodaje comenzará el próximo mes de noviembre, y también que Greenaway va a intentar que sea su película más accesible para el público mayoritario desde ‘El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante’, la cual ha marcado su productor como principal referente a la hora de qué podemos esperar de ‘Food for love’.

Para el que no esté familiarizado con ‘La muerte en Venecia’, es una novela corta que narra la historia de Gustav von Aschenbach, un anciano escritor alemán que viaja a la localidad italiana con la esperanza de recuperar la inspiración. Una vez allí conoce a Tadzio, un joven polaco que fascina a Aschenbach. Los inesperados sentimientos que surgen en el escritor y la tortura mental que éstos le crean serán el eje de la historia. Por ahora, se desconoce quiénes serán los actores encargados de interpretar al dúo protagonista. Lo que sí se sabe es que parece que Greenaway ha recuperado la fe en el cine, medio de expresión que llegó a considerar muerto, ya que tiene planes para rodar diez películas en los próximos diez años. Además de la que ocupa esta noticia, tiene pensando contar la historia del pintor El Bosco y del famoso cineasta ruso Sergei Eisenstein. Yo nunca he sido muy fan de la obra de Greenaway, pero estos últimos proyectos han revitalizado mi interés por su obra. ¿Y vosotros qué opináis? ¿Será capaz de superar a la adaptación de la misma novela que hizo Luchino Visconti en 1971?

Vía | The Playlist



Taquilla española | La aventura familiar vence al terror en el carnaval

Imagen de la película Viaje al centro de la Tierra 2

Top 10 de la taquilla en España

Como era de esperar, el nuevo thriller de Denzel Washington, ‘El invitado’ (‘Safe House’), ha cedido ya el número uno de la taquilla española en su segunda semana en cartelera, tras perder un 45% de recaudación (aun así, sus cifras son buenas). La cima la ocupa ahora ‘Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa’ (‘Journey 2: The Mysterious Island’), una aventura familiar en 3D con un extraño reparto encabezado por Dwayne Johnson, Vanessa Hudgens y Michael Caine. La secuela dirigida por Brad Peyton logra unas cifras correctas que pueden considerarse excelentes teniendo en cuenta que ha competido no solo con una amplia oferta de títulos sino también con las fiestas del carnaval.

Dos novedades amenazaban con quitarle el primer puesto de la taquilla, ‘La mujer de negro’ (‘The Woman in Black’) e ‘Infierno blanco’ (‘The Grey’). La primera, con Daniel Radcliffe aterrado por presencias fantasmales, obtiene casi un millón de euros en poco más de 300 cines, lo que no está mal, además parece ser que está gustando por lo que es de esperar que no caiga muchos puestos en las próximas semanas; la segunda, en la que Liam Neeson lucha contra unos lobicos hambrientos, se queda en poco más de medio millón de euros con 239 pantallas a su disposición, cifras decepcionantes para un film que ha sido número uno en EE.UU.

En otra liga jugaban otros dos estrenos del pasado viernes, ‘Shame’ y ‘Young Adult’. El primero, protagonizado por Michael Fassbender (inmenso en todos los sentidos, según dicen…) y Carey Mulligan, consigue el mejor promedio de la semana, más de 5.000 euros por sala; el segundo, con una extraordinaria Charlize Theron (no entiendo cómo no la han nominado al Oscar), se ha proyectado en más de 100 cines pero obtiene cifras mediocres. Por último, cabe destacar la caída de dos fantasmas; por un lado, se confirma que el reestreno en 3D de ‘La amenaza fantasma’ no ha interesado tanto como creía George Lucas, y por otro, ‘Promoción fantasma’ se ha quedado sin sitio en la cartelera tras la llegada de tantas novedades. Y otra vez, ningún título español entre los diez más vistos.

PD: Este viernes se estrenan ‘Ghost Rider: Espíritu de venganza’, ‘La invención de Hugo’ (POR FIN), ‘Mi semana con Marilyn’ y ‘Polisse’ (la vi en Cannes el año pasado).

Datos | Eleconomista



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CRITICAS
'Ellos robaron la picha de Hitler', mamarrachada nazi

Fragmento del cartel de 'Ellos robaron la picha de Hitler'

Es cierto que se hacen muchas películas malas dentro del cine español, pero eso es algo que sucede en todas las cinematografías, siendo no tan habitual que haya directores que parezca que su objetivo en la vida es rodar películas malas. Los que hay que se lo toman más o menos en serio como es el caso de Julián Lara, el cual, ente otras, dirigió ‘Deadhunter: Sevillian Zombies’, una de las experiencias más lamentables que ha tenido que padecer quien esto escribe, o los que optan por un camino más desenfadado como Pedro Temboury, artífice de ‘Kárate a muerte en Torremolinos’, una de esas películas que bien podríamos considerar una joya de la basura.

Para el que no la conozca, ‘Kárate a muerte en Torremolinos’ toma como base las películas con científico loco para construir un alocado híbrido entre parodia, homenajes pasados de vueltas, cine de karatekas y, sobre todo, muy poca vergüenza. Todo ello para contar la historia de cómo el Doctor Malvedades hacia todo lo posible para despertar a Jocántaro, un monstruo mitad pulpo, mitad centollo, para así proceder a la dominación mundial. Además, Temboury contaba con el apoyo de una banda sonora de Jorge Explosion tan demencial como simpática (aquí podéis escuchar el tema dedicado a Jocánataro para haceros una idea más clara) para poner la guinda a la función. La cuestión ahora es ¿fue ‘Kárate a muerte en Torremolinos’ flor de un día o ha conseguido repetir el milagro casposo con ‘Ellos robaron la picha de Hitler’?

El pene de Hitler

Temboury lo tiene claro y opta por repetir las líneas maestras de su ópera prima: Se localizan los restos del bunker secreto de Hitler y allí el cadáver de Eva Braun conserva el miembro viril de Hitler bien protegido en una urna. Tal descubrimiento lleva una idea a la cabeza del Doctor Weissmann: Apoderar del pene para construir un nuevo Führer y luego proceder a la ansiada dominación mundial. Y si en ‘Kárate a muerte en Torremolinos’ eran cuatro karatekas zombis los que ayudaban a Malvedades, aquí son cuatro nazis andaluces los que ayudarán a Weissmann a intentar completar su maquiavélico plan. ¿El problema? Pues que son tontos de remate. Obviamente, Temboury vuelve a apostar por un tono lúdico-festivo en el que todo vale si así consigue hacer reír al espectador.

¿Tiene algo de malo querer que el público se descojone de risa ante un esperpento como el que plantea ‘Ellos robaron la picha de Hitler’? Obviamente, la respuesta es no, pero donde sí surgen las pegas es en las formas de intentar conseguir esas risas. Era de esperar que eso a lo que llaman humor inteligente (una forma como cualquier otra de querer dar más importancia a lo que les hace gracia a una pequeña élite) no hiciera acto de presencia, aunque también tenía esperanzas en que Temboury no recurriese con tanta pasión hacia los chistes de culo-caca-pedo-pis. Hay hasta una escena en la que los cuatro nazis de pacotilla acompasan con sus pedos una melodía musical. Sí que resulta curiosa la idea de la sociedad de mujeres (su nombre: ‘Sociedad secreta para la destrucción del macho’ y ‘Chocho loco’ el de una de sus miembros) que colecciona los penes de los hombres más importantes de la historia y su pone una traba en los planes de Weissmann, pero, por desgracia, su presencia se reduce a una serie de diálogos irrelevantes y un par de destetes gratuitos.

El tito Jess

La querencia por el homenaje (la mujer biónica forma parte de la agrupación de mujeres que menciono en el párrafo anterior) es otro de los ejes de ‘Ellos robaron la picha de Hitler’, siendo obvio qu Jesús Franco es el gran referente para Temboury, no por nada hace breves apariciones tanto sus dos películas. Además de eso, se mantiene la línea de referencias evidentes al llamar Morpho al ayudante de Weissmann, mismo nombre del secuaz del Doctor Orloff en ‘Gritos en la noche’, seguramente el trabajo más renombrado de la carrera de Franco. No es la única alusión así, pues en determinado momento se llama Klaus y Kinski a un par de personajes, pero quizá lo más afortunado sea el giro de guión que recuerda bastante a uno de los momentos más celebrados de ‘El jovencito Frankenstein’. La gran pega es que no se aprovechan estos homenajes no dan nada más (al menos el personaje paródico de Bruce Lee en ‘Kárate a muerte en Torremolinos’ se aprovechaba para algo), y ni tan siquiera resultan simpáticos mientras estás viendo ‘Ellos robaron la picha de Hitler’. Simplemente te da todo un poco igual.

Uno de los aspectos que más llaman la atención a priori es la presencia de Manuel Tafallé, un actor habitual del cine de Álex de la Iglesia o, lo que es lo mismo, un actor de verdad. Y es que eso no era algo que pudiéramos esperar dando el componente amateur de la producción, pero tampoco es algo que se traduzca en una mejora sustancial, ya que se nota que Tafallé disfruta con su personaje, llegando a interpretar una canción (poco lograda, como sucede también con la banda sonora de Jorge Explosion) durante los créditos finales, pero el problema de tono también afecta a un Weissmann que en lugar de simpáticamente alocado resulta cansinamente chiflado y redudante. Además, la actuación de Tafallé no destaca sobre la del resto del reparto, y éstos no son actores profesionales por un buen motivo.

La sociedad secreta para la destrucción del macho

En definitiva, ‘Ellos robaron la picha de Hitler’ intentar ser una simpática mamarrachada al estilo de ‘Kárate a muerte en Torremolinos’, pero lo que acaba siendo una memez que rara vez acierta con las bromas que utiliza. Y es que no es tan fácil como parece hacer una buena mala película, especialmente si es algo que te planteas como objetivo (lo suyo es que salga de forma involuntaria intentando hacer una película seria). A veces salen entretenimientos tan divertidos como la mejor de las comedias, pero normalmente acabamos encontrando una tontería de mucho cuidado como la película que nos ocupa. Una pena, pero no por ello hay que perder la esperanza en que Temboury vuelve a conseguir dar en la diana. ¿Quizá con una secuela de ‘Kárate a muerte en Torremolinos? Habrá que esperar.



'Shame', vergüenza y culpa

Shame

La película del director Steve McQueen, ‘Shame’ (íd., 2011) se habrá anunciado como el retrato de un adicto al sexo o como la crónica de una serie de encuentros carnales, mostrados sin tapujos ni elipsis. Pero no se trata, ni mucho menos, de eso. Tras esta frenética actividad amatoria, se esconden los auténticos pilares de sustento de la cinta, que no son otros que la vergüenza, la culpa y la confusión: sentimientos provocan ese comportamiento en los personajes principales quienes, lejos de disfrutar de su libertino modo de vida, continúan adelante atormentados, pero sin poder sustraerse a esa vorágine.

McQueen realiza la película con elegancia, sacando provecho a espacios urbanos de actualidad que se ven favorecidos por la fotografía en tonos fríos de Sean Bobbitt. La música del televisivo Harry Escott provoca las sensaciones que algunas de las escenas se resistirían a transmitir por sí solas. Este componente cobra un gran protagonismo, lo cual se hace especialmente patente en el primer plano sostenido que nos deja penetrar en la particular versión de “New York-New York’, ejecutada por Carey Mulligan.

‘Shame’ apenas progresa, ya que no se dirige a un final concreto, aleccionador o esperanzado, al menos en lo que se refiere al protagonista o a la historia que los implica a él y a su hermana. En lo que atañe al personaje de Mulligan, se puede considerar que se produce una progresión, aunque sea solo si consideramos así a su descenso continuado a los infiernos: digamos que él ya ha llegado a un punto en el que está estancado y que ella sigue cayendo. La intención es mostrar una situación, no contar un curso de acontecimientos. Suponemos que ese avance se produjo con anterioridad y ahora solo presenciamos un tiempo, casi detenido, en el que todo aquello tiene sus consecuencias.

Shame

En lugar de indicarnos cuáles fueron estos sucesos previos –aplaudimos la valentía de no recurrir a los fáciles flashbacks– o de reservarse esta información para una efectista revelación final, se nos deja adivinarlos por las actitudes presentes de los dos personajes protagonistas. Para ello, ‘Shame’ se orquesta a lo largo de unas cuantas secuencias, muy extensas, pero bien llevadas, que mantienen el interés gracias a presentar altibajos, cambios de humor, ritmo y giros con información, como si cada una se tratase de una mini-pieza. Incluso las escenas sexuales, que en general me resultan muy aburridas en cine, están justificadas como parte de ese retrato, pues la manera en la que el protagonista lleva a cabo o malogra cada uno de los actos dice mucho de cómo se siente y de lo que le preocupa en ese momento.

Michael Fassbender, el actor que está presente por doquier en los últimos tiempos, el más reciente gran descubrimiento interpretativo de la industria del cine, aquí confirma lo que podíamos haber comenzado a sospechar en otras de sus películas: que puede con todo, que es capaz de aportar a cualquier propuesta mucho más que casi cualquier otro intérprete de su generación. Además, su aspecto, atractivo, pero no exento de cierta rareza –fomentada quizá por su delgadez–, se adapta a este personaje doliente y complejo. Gracias a que no hay conversaciones catárticas en las que se explique el pasado, ni retrocesos demostrativos, el personaje nos transmite cuanto padece a través de sus expresiones. Las pocas veces en las que Brandon sonríe son aquellas en las que sentimos los escalofríos más acusados.

De Carey Mulligan lo interesante está en su rostro, que todo lo esconde. Tras una expresión casi infantil y bastante inocente, pueden ocultarse todos los fantasmas del pasado que la destrozan por dentro, aunque en su exterior siga manteniéndose ese aspecto juvenil y plácido. El reparto es reducido, ya que la película se limita a unos momentos y espacios no demasiado amplios. James Badge Dale llama la atención por su gran cambio de registro con respecto al recto y casi monacal personaje de ‘Rubicon’. Lucy Walters, Nicole Beharie y algunas otras intérpretes cuentan con papeles de poca presencia, incluidos con la única misión de demostrar por lo que el protagonista está pasando.

Shame

En conclusión, se puede observar en ‘Shame’ cierta lentitud, que deriva de una ausencia de progresión dramática. Un corto número de escenas muy largas sirven para presentarnos una situación y retratarnos a un par de personajes enfermos y atormentados. El sexo explícito no es gratuito, ya que obedece a la demostración de los estados de ánimo de los protagonistas. Pese a ese avance pausado, la película tiene un fuerte poder de atracción, que sumerge de forma casi hipnótica en el devenir. El mayor mérito puede estar en dejárselo todo al espectador, quien contempla estos retazos sumido en las incógnitas y que será quien rellene todos los huecos de información que deja el guion para no caer en lo de siempre. Nos encontramos ante una película atrevida, pero no por el detalle que cualquiera señalaría en este sentido: la presencia aplastante de las escenas de sexo, sino por la propia naturaleza de la propuesta, más dada a la introspección psicológica que a la narración.

Otra crítica en Blogdecine | ‘Shame’, sexo liberador.



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