miércoles, 29 de marzo de 2017
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La exhibición internacional de cine español aumentó un 11% en el último año

Biznaga De Oro Estiu 1993

Clausurado el Festival de Málaga y con la sensación de que el cine español goza de buena salud, es tiempo de hacer balance. Con una Biznaga de oro con sabor internacional para ‘Estiu 1993’ (Verano 1993) -que ya iniciaba su ronda de reconocimientos en la pasada edición del Festival de cine de Berlín, donde recogía el premio a la mejor ópera prima-, nuestra muestra de cine nacional cierra con datos que traspasan las fronteras.

En su encuentro anual con los agentes más importantes del mercado internacional, por primera vez organizado en el marco del Festival de cine de Málaga, la FAPAE (Confederación de productores audiovisuales de España) ha anunciado un incremento del 11% en la exhibición internacional. Buenos datos, sin duda, para una cinematografía mejor valorada fuera que en nuestro propio territorio.

14 millones de espectadores han visto alguna película española durante el año pasado en algún lugar del mundo. Esto supone una recaudación externa de 81 millones de euros (vayan haciendo sus cuentas sobre si el cine español es rentable y produce más o menos de lo que consume en subvenciones).

Fapae Agustin Almodovar

Una de las grandes contribuciones a estos buenos datos es, como no podía ser de otra manera, ‘Julieta’ de Pedro Almodóvar. El realizador español contemporáneo más alabado internacionalmente hasta la fecha, obtenía además en Málaga el galardón FAPAE-COMSCORE 2017 a la película española con mayor reconocimiento internacional. Exhibida en 50 países, la producción de El Deseo recaudaba 20 millones de euros, de los cuales 5 en la meca del cine europeo: Francia.

En total 146 títulos españoles (incluidas coproducciones, que representan casi la mitad) han visto la luz en salas extranjeras, frente a los 132 del año anterior. Una cifra sólo superada en la historia de nuestro cine por los datos de 2014, cuando se distribuyeron internacionalmente 157 largometrajes. Italia, con 40 películas españolas adquiridas, se revela el mayor fan de nuestro cine, seguido de Francia.

Siguiendo un razonamiento probablemente lógico y natural, el cine español continúa distribuyéndose de forma mayoritaria en países europeos, seguidos por Latinoamérica. Sin embargo, grandes potencias como Estados Unidos, Japón, Corea del Sur e incluso Australia y Nueva Zelanda, se muestran también consumidores de nuestro cine, posiblemente propiciado por grandes fenómenos internacionales en torno a remarcables figuras como Juan Antonio Bayona –actualmente en producción en EEUU de su próximo largometraje, ‘Jurassic World 2’-.

Al tiempo que muchos países europeos han anunciado en los últimos meses aumentos en sus inversiones al cine, la industria española continúa buscando sus propias fórmulas financieras sostenibles. Hace apenas unos días, Alemania doblaba su inversión para incentivar las coproducciones (el presupuesto alemán pasará de 75 a 150 millones de euros) y ayer también Portugal hacía público un nuevo plan de incentivos fiscales para producciones extranjeras con gasto mínimo de un millón de euros dentro de sus fronteras.

Mientras España continúa cosechando éxitos globales en festivales y salas, y proliferan las voces de nuevos directores en el punto de mira internacional, cabe esperar una reacción conjunta institucional, moderna y actualizada, ante las necesidades reales del sector.



'Archer & Armstrong', el cómic saltará al cine con el director de 'Zombieland'

Archer Armstrong

Valiant Entertainment, la editorial de cómic independiente detrás de obras como 'Harbinger', 'Bloodshot' y 'X-O Manowar', continúa su estrategia para producir películas y ha movido ficha para que la versión en pantalla grande del cómic de acción y humor 'Archer & Armstrong' tenga asignado un escritor y un director.

La adaptación estaría avanzando rápidamente con Ruben Fleischer, de 'Zombieland' (2009), a bordo para dirigir, según fuentes cercanas al proyecto. Además, el guión vendría firmado por Terry Rossio, conocido por su trabajo en la franquicia de 'Piratas del Caribe', que recientemente ha sido nombrado líder de la plantilla de escritores del "MonsterVerse" de Legendary para crear el guion de 'King Kong vs. Godzilla'.

Zombieland

Uniéndose a Fleischer, como productores del proyecto, están Jason Brown y Sean Daniel, del nuevo reboot de 'La momia' (2017), y el jefazo de Valiant Dinesh Shamdasani. El proyecto se está desarrollando internamente, de forma independiente, antes de ser comprado por los estudios. 'Archer & Armstrong' apareció por primera vez en una serie del mismo nombre en 1992, creada por el ex editor en jefe de Marvel, Jim Shooter, junto al escritor y artista Barry Windsor-Smith y el creador Bob Layton.

La serie se centra alrededor de la improbable amistad entre Armstrong, un inmortal guerrero que se ha convertido en un borracho que filosofea a lo largo de los siglos, y Archer, un adolescente prodigio que ha sido entrenado desde la infancia para asesinarlo. La noticia de la participación de Rossio y Fleischer en el proyecto, amparada en el acuerdo de cinco películas que Valiant tiene apalabradas con Sony, sigue al anuncio de Dave Wilson (socio creativo del director Tim Miller) como director de 'Bloodshot' a partir de un guión de Eric Heisserer, de 'La llegada' ('Arrival', 2016).

Vía | Slashfilm



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CRITICAS
Ciencia-ficción: 'King Kong', la bella y la bestia

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En 1933 la RKO Pictures fue aupada como una de las grandes majors del Hollywood clásico —hasta su desaparición a mediados de los años cincuenta— gracias a ‘King Kong’ (íd., Ernest B. Shoedsack y Merian C. Cooper, 1933), el mítico film que hace poco ha evocado Jordan Vogt-Roberts. En el fin de semana de su estreno fue el hit más taquillero de la historia en ese momento. Tanto fue así que la mítica productora se salvó de una más que segura bancarrota.

El estudio que produciría películas del talante de ‘Ciudadano Kane’ (‘Citizen Kane’, Orson Welles, 1941), ‘Esta tierra es mía’ (‘This Land is Mine’, Jean Renoir, 1943) o ‘Retorno al pasado’ (‘Out of the Past’, Jacques Tourneur, 1947) lanzó por todo lo alto esta película, cuya idea se le ocurrió a Merian C. Cooper al imaginarse a un simio gigante en lo alto de un rascacielos luchando contra aviones que le disparaban. A partir de esa imagen se construyó el resto de la historia, una que sería muy imitada en gran parte del cine de aventuras y ciencia ficción posterior.

Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack ya habían trabajado juntos dirigiendo ‘Las cuatro plumas’ (‘The Four Feathers’, 1929), tercera versión de la novela de A.E.W. Mason, todo un clásico de aventuras —la versión más famosa sería, no obstante, la de Zoltan Korda de 1939—, género que Shoedsack controlaba a la perfección, como demuestra también su labor al lado de Irving Pichel en ‘El malvado Zaroff’ (‘The Most Dangerous Game’, 1932), al igual que el film del gorila gigante, una película muy influyente en el cine posterior.

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Pura aventura

El sentido de la aventura, del gusto por el peligro, que puede apreciarse en ambas obras sigue latente en ‘King Kong’, de la cual se filmó una parte en los mismos escenarios que el film protagonizado por Joel McCrea y Fay Wray, actriz que aquí volvería a ser la protagonista convirtiéndose en todo un icono, junto al gran mono, de la cultura popular de los años treinta. Wray enamoró a cientos de miles de espectadores y también a la bestia, en una historia que bebiendo de Edgar Rice Burroughs y Arthur Conan Doyle, también tiene bastante del cuento popularizado sobre todo por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont.

Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack realizan un temprano y atrevido juego de metalingüismo con el propio cine y su conexión con la vida. En el viaje a la isla Calavera, el productor del cine Carl Denham —Robert Armstrong en su papel más famoso— relaciona filmar cine con vivir aventuras. Antes de su llegada a la isla, Denham hace pruebas de cámara a Ann (Wray), simulando que se encuentra con algo monstruoso y horrible. La ficción dentro de la ficción como anticipo al momento shock de la aparición de King Kong.

Aparición que se produce bien avanzada la película, algo que se tomaría como regla no escrita en las futuras películas sobre monstruos —véase ‘Tiburón’ (‘Jaws’, Steven Spielberg, 1975) o ‘Alien’ (íd., Ridley Scott, 1979), como los más claros ejemplos—. Instante éste a partir del cual la película se convierte en toda una montaña rusa de emociones y pura aventura. Un non-stop de acción psicológica y física que nos lleva al centro mismo de la más grande aventura de todas, aquella en la que el ser humano descubre cosas que están fuera del alcance de su imaginación.

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Atemporal

Dos elementos funcionan a la perfección en ‘King Kong'. Los efectos visuales y el diseño de producción, curiosamente aún no superados en versiones posteriores por muchos avances tecnológicos que haya habido. Sorprende, a día de hoy, lo sutil y efectivo de la técnica del Stop-Motion, captando a la perfección las expresiones del monstruo, sus sangrientos combates contra diversos dinosaurios, o el impactante momento final de su muerte, carente de música o diálogos, sólo el estremecedor sonido de los aviones y los disparos.

Así mismo el imaginativo diseño artístico cobra casi vida propia en las secuencias de la selva o las acaecidas en New York, estableciendo un discurso de lo peligroso que es el hombre para la naturaleza, amén de una atmósfera traviesa, perturbadora, casi onírica. Esto también contribuye a la soterrada love story del relato. El monstruo se enamora de la belleza pura, representada en la sensual e inocente Fay Wray, y esa misma inocencia hace que King Kong termine víctima de la ignorancia del ser humano y su afán por destruir todo aquello que no comprende.

La banda sonora de Max Steiner termina de redondear la función, añadiendo todo tipo de emociones a un espectáculo salvaje en su determinación y enormemente poético. “La bella ha matado a la bestia” es la última frase de una película que sigue burlándose del paso del tiempo que todo lo devora. Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack aparecen como pilotos de uno de los aviones que disparan contra Kong; curioso cameo siendo el personaje central que da comienzo a todo un director de cine, el mismo que sentencia la historia con dicha frase.



'Imperium', un buen Daniel Radcliffe y poco más

Imperium Poster

Seguro que no era el único que apostaba que Emma Watson iba a ser la que tuviera más éxito posterior de los tres chavales que lideraron la saga Harry Potter. De hecho, actualmente podemos verla en ‘La bella y la bestia’ (‘Beauty and Beast’), una puesta al día correcta pero carente de magia que amenaza con superar en taquilla a todas las aventuras del joven mago interpretado por Daniel Radcliffe, que también estrenó hace nada ‘Imperium’ en España.

No creo que volvamos a ver a Radcliffe encabezando otra producción que logre una popularidad similar a las de la franquicia que le lanzo a la fama, pero sí que lleva ya un tiempo eligiendo una serie de personajes muy diferentes entre sí que le están permitiendo construir una carrera últimamente más estimulante que la de Watson. ‘Imperium’ no es la mejor de ellas, pero él brilla con especial intensidad en una cinta digna pero que daba para mucho más.

Buenas intenciones, resultados mejorables

Escena Imperium

Hemos visto ya multitud de películas con un agente de policía infiltrado que tiene que ganarse la confianza de aquellos a los que pretende acabar arrestando. Lo distintivo de ‘Imperium’ es que se trata de una organización neonazi estadounidense, un territorio que el cine no ha abordado en tantas ocasiones -sí, está 'American History X', pero poco más hay que realmente haya llegado al gran público- como para que suene a algo ya visto en infinidad de ocasiones.

Esto además ayuda a avivar la intensidad al intentar dotar a ese odio de un elemento imprevisible que ayuda a matizar las convenciones en las que cae el guion de Daniel Ragussis, también director de la película, para mostrar cómo avanza la investigación. Ahí se podría pensar que los hechos simplemente sucedieron así, pero hay varios detalles pensados para darle un toque más cinematográfico, por lo que margen había para hacerlo todo más emocionante.

Imagen Imperium

La fuerza del relato se ve afectada por ello, logrando, eso sí, darnos escenas puntuales inspiradas, no tanto por el esfuerzo de Ragussis tras las cámaras, donde no hay nada que realmente sobresalga para bien -se aprecia su intento de dar mayor verismo al relato mediante el uso de imágenes documentales, pero le sigue faltando algo ahí- o para mal -puede que haya ciertos momentos en los que se acerca más de la cuenta a un retrato caricaturesco de los villanos y su ideología, pero nunca llega a ser algo realmente grave-, como por la capacidad de Radcliffe para sumergirse en su personaje.

No voy a negar que durante los primeros minutos tenía mis dudas, ya que me costaba concebir que la película y el propio actor fueran a convencerme tras la forma de introducirlo -poco menos que un pringado ansioso por demostrar su valía-. Eso es algo que sí acaba afectando durante todo el metraje a la dinámica que hay entre Radcliffe y una apenas correcta Toni Collette, que nunca llega a engancharnos, pero la progresiva transformación de Nate sí está bien bastante conseguida.

‘Imperium’ es interesante gracias a Daniel Radcliffe

Daniel Radcliffe Imperium

De hecho, es Radcliffe quien consigue enderezar ciertos vaivenes del guion que podrían haber destruido la credibilidad tanto de Nate en particular como de la película en general. Pienso por ejemplo, en la relación que establece con Dallas -solvente Tracy Letts-, una personalidad de renombre dentro de los grupos de supremacía blanca. Ahí hay varios detalles poco creíbles encaminados a complicar el relato y extender el metraje de forma innecesaria.

Lo cierto es que ‘Imperium’ funciona mejor cuando se centra en el personaje que en la historia. Es verdad que lo segundo es necesario para lo primero, pero nunca llega a atraparte. Sí que hay alguna escena puntual que logra la tensión deseada, pero en líneas generales sabe a poco. Radcliffe al menos evita que el aburrimiento llegue a hacer acto de presencia cuando el relato empieza a dar ciertos palos de ciego y además va modulando muy bien sus motivaciones, logrando que todo cuadre para su creciente obsesión por resolver el caso.

En definitiva, ‘Imperium’ es una película que hubiera acabado rápidamente en el olvido de no contar con un muy implicado Daniel Radcliffe, quien logra sobreponerse incluso a ciertos problemas en la presentación de su personaje desde el guion. Más allá de eso no hay nada que merezca realmente la pena destacar, pues estamos ante una propuesta que su protagonista eleva de meramente pasable a interesante pese a sus limitaciones.



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