jueves, 02 de octubre de 2014
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'Zombieland 2' resucita

Zombieland

Durante mucho tiempo se dio por sentado que veríamos una segunda parte de 'Bienvenidos a Zombieland' ('Zombieland', Ruben Fleischer, 2009), pero llegó un punto en el que el proyecto se abandonó por completo y se empezó a trabajar en una adaptación televisiva de la que finalmente sólo pudimos ver un único episodio. La noticia ahora es que Sony ha resucitado 'Zombieland 2' al contratar a Dave Callahan para que escriba el guión.

Callahan, uno de los autores del libreto 'Los mercenarios' ('The Expendables', Sylvester Stallone, 2010) y también uno de los muchos guionistas que ha metido mano en la problemática 'Ant-Man' (Peyton Reed, 2015), será supervisado por Ruben Fleischer, director de la primera entrega. Además, se espera que Fleischer repita tras las cámaras, pero el acuerdo para ello aún no está cerrado.

De lo que no se sabe nada es de la posibilidad de que Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone o Abigail Breslin, a la que veremos en breve dando vida a la hija muerta viviente de Arnold Schwarzenegger en 'Maggie' (Henry Hobson, 2014), vuelvan a dar vida a los mismos personajes que en 'Bienvenidos a Zombieland'. El caché de casi todos ellos ha subido mucho desde entonces y dudo que firmasen un contrato que les obligase a volver en futuras entregas...

Vía | Deadline



Kevin Smith consigue financiación para 'Clerks 3' tras el fracaso de 'Tusk'

Todo el mundo está en plan: 'Ha caído, ha caído'. Yo digo: 'Gracias, he caído en Clerks 3'. (Kevin Smith)

Curioso lo que ha ocurrido con el proyecto de 'Clerks 3'. Recordemos que Kevin Smith pretendía terminar su carrera completando una trilogía de 'Clerks' pero no encontró financiación (su plan era estrenarla este año, coincidiendo con el 20º aniversario de la original) y en su lugar emprendió otros rodajes. Las aguas han vuelto a su cauce con la noticia de que el director ya tiene el dinero para rodar la secuela.

La fortuna le sonríe inesperadamente tras el fiasco en taquilla de su último trabajo, 'Tusk', una comedia de terror protagonizada por Justin Long, Michael Parks y Haley Joel Osment (aquí podéis ver el cartel y el tráiler). En lugar de lamentarse por lo ocurrido, Kevin Smith lo celebra ya que a los inversores les encantó la película y le han ofrecido apoyar su siguiente proyecto. Y así resucita 'Clerks III'.

De momento no hay fechas ni más información, si bien antes de emprender ese rodaje Smith debe concluir su trabajo con 'Yoga Hosers', un spin-off de 'Tusk' con un reparto encabezado por Johnny Depp, la hija de éste, Lily-Rose Depp, y la del realizador, Harley Quinn Smith. El estreno está previsto para el año que viene.

Vía | Thehollywoodreporter



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CRITICAS
Añorando estrenos: 'Pesadilla diabólica' de Dan Curtis

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‘Pesadilla Diabólica’ (‘Burnt Offerings’, Dan Curtis, 1976) es un film semi-desconocido. Puede que el casi completo desconocimiento actual de la obra de un cineasta como Dan Curtis haya contribuido a pasar por alto una de las muestras más estimulantes del cine fantástico de la década de los setenta, y que nada tiene que envidiar a otras muestras del género firmadas por directores como William Friedkin, Richard Donner o Peter Medak, de sobra conocidas por todo aficionado. En el caso del film que no ocupa, éste se inscribiría en el siempre atractivo sub-género de casas encantadas.

Dan Curtis se había curtido principalmente en el mundo de la televisión. Había obtenido un gran éxito a finales de los sesenta con la serie vampírica ‘Sombras en la oscuridad’ (‘Dark Shadows’, 1966-1971), creada por él y de la que realizó dos adaptaciones cinematográficas que permanecen injustamente en el anonimato, siendo más conocida la descafeinada versión de Tim Burton de hace un par de años. ‘Pesadilla diabólica’ es la tercera película para el cine que Curtis realizó entre un montón de trabajos televisivos, muchos de hechos escritos por Richard Matheson, muestras del ingenio que poseía este director.

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Perfecta atmósfera terrorífica

Quizá por ello en el film, cuyo título original es mucho más sugerente y terrorífico que la tontería de traducción que tuvimos en nuestro país —para variar—, pueden notarse ciertos tics televisivos, sobre todo en algún que otro zoom o instantes aislados en la planificación. Sin embargo en la década de los 70 la influencia televisiva en el cine, debido a toda una generación de directores estadounidenses salidos de ella, era de lo más común. No obstante, en este caso, no es una muestra de cutrez en la puesta en escena, puesto que Curtis aprovecha sabiamente sus pocos medios para conseguir un máximo de resultados.

‘Pesadilla diabólica’ narra las vacaciones de verano que un matrimonio —pareja formada por Oliver Reed y Karen Black—, con su hijo y la tía del marido —estelar presencia de Bette Davis—, deciden pasar en una espectacular casa que han logrado alquilar por un precio bastante menor a lo razonable. Pronto empezarán a pasar cosas de lo más extraño, revelándose poco a poco que la casa en cuestión se alimenta de la energía vital de sus moradores. Tal premisa viene parte del material de la novela homónima en la que se inspira, escrita por Robert Morasco, y que Curtis leyó años antes de hacerse con el film. Curiosamente, el final del libro nunca le gustó, algo que arregló en su adaptación, ayudado en la tarea por William F. Nolan.

Uno de los grandes aciertos de ‘Pesadilla diabólica’ es la recreación de una atmósfera que, poco a poco, va apoderándose de la historia, mínima y escueta, pero contundentemente efectiva. Una atmósfera que apoya sin miramientos ni efectismo de ningún tipo, la sutileza de un guión muy trabajado, en el que todo lo que se dice se sugiere realmente, de forma que el efecto es mucho más devastador, al tomar la sugestión como arma contra el espectador hambriento de terror. Para ello está el personaje de Burguess Meredith, que con apenas diez minutos en pantalla y con pocas líneas de diálogo deja impregnada la película de cierta inquietud que se irá tornando realidad. Las frases de Meredith dicen, sin decirlo claramente, lo que realmente ocurre en la casa.

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El impacto de la sugerencia

Más tarde, en secuencias tan brutales como el incidente de la piscina entre padre e hijo, en el que Curtis planifica el cambiante rostro del actor como una amenaza latente; las numerosas visitas de Marian (Black) a la habitación de la que nunca sale la anciana mujer, dueña de la casa, o las numerosas fotografías encima del mueble, muestras de lo que sospechamos, o las impresionantes secuencias oníricas que sufre Ben (Reed) —basadas en una experiencia de la niñez del propio Dan Curtis—, muestran, a través de la sutileza, el verdadero horror que esconde el lugar que habitan. Ecos de uno de los temas predilectos de Curtis, el vampirismo, aunando con inteligencia dicho elemento con el de la casa encantada. Sublime es poco.

‘Pesadilla diabólica’ puede presumir además de introducir una secuencia subida de tono, algo muy típico en la época, y que resulte también inquietante por esa luz encendida en la ventana más alta de la casa que los vigila. También de utilizar los golpes de efectos sin cargar las tintas. Por ejemplo, la última y escalofriante aparición del chófer de un coche fúnebre, el destino del personaje de una Bette Davis que se los merienda a todos, interpretativamente hablando, o Ben yendo a buscar a Marion al final del film, encontrándose con una sorpresa/impacto inolvidable, prueba fehaciente de lo que el libro no deja claro.

Lo triste de una película como ésta es que para gran parte del público actual, el film no serviría. Acostumbrados como están a que les cuenten todo con pelos y señales —gran parte de la culpa viene de la mayoría de series de televisión—, la sutileza no sería bien recibida. Resulta extraño, y hasta irónico, viniendo de un director que aprendió mucho del oficio en la pequeña pantalla, y que sabía perfectamente que sugerir es mucho mejor que mostrar. ‘Pesadilla diabólica’ muestra a través de la sugerencia. Inolvidable.



'Infiltrados en la Universidad', pequeños momentos de genialidad

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‘Infiltrados en clase’ (’21 Jump Street’, Phil Lord y Chris Miller, 2012) apenas me hizo gracia. La adaptación al cine de la exitosa serie de televisión en la que se dio a conocer Johnny Depp, ‘Nuevos policías’ (’21 Jump Street’, 1987-1991) desembarcó en pantalla grande de la mano de dos directores que demuestran estar muy bien compenetrados, al menos en lo que respecta al cine de animación, donde se les ve más seguros que en el cine de imagen real. Así lo deja claro la que probablemente sea su mejor película con diferencia, ‘La LEGO película’ (‘The Lego Movie’, 2013), desternillante e ingeniosa traslación de un juguete al cine.

‘Infiltrados en la Universidad’ (’22 Jump Street’, 2014) ya me hizo un poco más de gracia que el primer título. No llego a los niveles de Mikel, y estoy bastante de acuerdo con Pablo en el hecho de que esta secuela parte de una autoconciencia por resultar efectivamente innecesaria, pero comprender muy bien su condición de juguete explotador de la gallina de los huevos de oro para seguir rompiendo taquilla allá donde se estrene. No estamos ante una buena película si quiera, pero posee momentos verdaderamente hilarantes y con un broche de oro final en el que reírse de sí misma y de la moda de secuelas.

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El guión simplemente no existe, o está reducido a la mínima expresión, con apenas variaciones al respecto de la primera entrega. Si allí iban a la escuela, a pesar de la edad de los protagonistas, aquí realizan una operación en cubierto en la Universidad en la que una chica ha aparecido muerta por un tema relacionado con el tráfico de drogas. Y se acabó. Rodeando ese esqueleto argumental, ‘Infiltrados en la Universidad’ se despacha a gusto con un sinfín de gags en los que Jonah Hill —nadie va a sacarle más provecho a este actor que Martin Scorsese— y Channing Tatum muestren una vez más su compenetración en pantalla.

Autoreferencias y metalenguaje hilarante

El problema, una vez más, en esta secuela totalmente exagerada es que muchos de los gags parecen basados en la improvisación y están demasiado alargados. Sin embargo en otros reina el equilibrio y la inspiración incluso cuando juguetean con la mencionada exageración latente en cada plano. Por ejemplo, determinado chiste sobre la hija del jefe —Ice Cube aún más pasado de rosca que en la primera entrega— y Schmidt (Hill), o la presencia de Seth Rogen en determinado momento, curiosamente el más brillante de todos, la escena de los créditos finales, en la que se permiten el lujo de parodiar al respecto del futuro de la saga. Metalenguaje puro y duro.

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También demuestran Lord y Miller algo más de mano en la puesta en escena, dando como resultado que las mejores sean aquellas planteadas como si de un film de animación se tratase, por ejemplo, la mayor parte de las secuencias de acción, destacando por encima de todas una persecución automovilística —siempre y cuando si a un casco grande con ruedas se le pueda llamar automóvil— filmada en plano cenital y con evidentes trucos digitales. Momentos dispares que, junto a los más logrados en el aspecto cómico, hacen más soportable el visionado de una película cuyo mayor defecto es su escandalosa simpleza. Muy básica.

Con todo, supone una mejoría aunque repitan elementos más que sobados —darse a conocer en el nuevo entorno, separación debido a otros intereses personales con el resto de universitarios, trama policíaca más simple que un botijo, etc— y sirva para que todo el elenco se desmadre en el buen sentido de la expresión. No hay duda de que todos se lo han debido pasar de miedo filmando la película, y a ratos transmiten esa diversión. Así es la comedia hoy día, todo muy escatológico, chistes sexuales por doquier, gritos y gestos, gestos y gritos, y a cobrar. El público lo ve encantado.

Apunte final sobre un instante que personalmente me sacó lágrimas de risa. Atención a la expresión de Jonah Hill justo antes de subir a recitar una poesía. Probablemente uno de los mejores instantes, dura menos de un segundo, de un actor que demuestra lo bueno que es cuando no abre la boca.



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